El mercado del transporte público siempre fue sinónimo de hombres. Turnos complejos, baja flexibilidad laboral y ambientes poco amigables; la tormenta perfecta para cualquier mujer que pretendiera sumarse a sus filas.

Nuevas manos al volante.

Incorporar mujeres al transporte público requería mucho más que instalaciones pensadas en ellas. Sumar a mamás, esposas, abuelas e hijas planteaba un gran desafío…ponerse en el lugar del otro y en este caso de otras.





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