La reducción de los niveles de contaminación del planeta es un tema urgente y por eso un grupo de científicos probó que las vacas pueden ser entrenadas para que orinen en un lugar asignado y así tratar sus residuos, que contaminan el suelo y producen el cinco por ciento de los gases que provocan el efecto invernadero.

La idea nació un poco en broma, pero los investigadores reconocieron que podría ser una estrategia de mucha ayuda para el sostenimiento de la vida en nuestro planeta. El equipo de Investigación de Biología de Animales de Granja (FBN) en Alemania y de la Universidad de Auckland (Nueva Zelanda) lograron demostrar que los becerros o terneros pueden aprender a hacer del baño en un sitio determinado.

Este estudio está hecho con el fin específico de reducir las emisiones de amoníaco y el óxido nitroso que se produce por la combinación de los desechos de las vacas, pues las heces y la orina forman el gas de amoníaco que luego se filtra al suelo y sale de este convertido en óxido nitroso, el tercer gas de efecto invernadero más contaminante.

Jan Langbein, principal autor del estudio publicado en la revista Current Biology, dice al respecto de las vacas:

Normalmente se asume que el ganado no es capaz de controlar la defecación o la micción, pero el ganado, como muchos otros animales o animales de granja, es bastante inteligente y puede aprender mucho. ¿Por qué no van a poder aprender a usar el retrete?

En realidad, las vacas fueron sometidas a un proceso conductual de estímulo y respuesta. Cuando orinaban en el lugar designado, se les premiaba con algo y cuando no lo hacían, se les castigaba poniéndoles ruidos molestos y después solo con un chorro de agua. El método fue llamado por los científicos “MooLoo”

Como castigo, primero utilizamos unos auriculares en el oído y reprodujimos un sonido muy desagradable cada vez que orinaban fuera. Pensamos que esto castigaría a los animales, no de forma demasiado aversiva, pero no les importaba. Al final, un chorrito de agua funcionó bien como disuasión suave.

El estudio es importante, pues beneficiará tanto al mundo como al manejo de los establos, ya que permitirá áreas de trabajo más libres y ventiladas que harán de la producción animal una tarea más respetuosa e higiénica hacia los animales y menos riesgosa incluso para los trabajadores.

Sin embargo, los investigadores ahora se enfrentan al problema de adaptar estos espacios a sistemas de producción en campo abierto y en granja reales. Pero han demostrado que en menos de tres semanas, 11 terneros de 16 han aprendido a ir al baño igual o mejor que un niño de tres años. Solo es cuestión de trasladar la investigación a espacios reales para que, en palabras de Langbein, “en unos años todas las vacas vayan al baño”.



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