Un grupo de 30 escuelas católicas de Canadá retiró de sus bibliotecas más de 4.700 libros y los quemó para poner fin al “racismo y la discriminación”.

La Comisión Escolar Providence, responsable de estos colegios, señaló a medios locales que los contenidos de las obras que fueron quemadas eran “desactualizados e inapropiados” porque “presentaban estereotipos negativos de los pueblos indígenas canadienses”.

La decisión tomada sobre estos libros, aseguraron, forma parte de los esfuerzos para favorecer la reconciliación con estos pueblos “con la esperanza de crecer en un país inclusivo”.

Entre aquellos títulos que retiraron, se incluyeron ejemplares de Tintín, Lucky Luke, Astérix, Jacques Cartier, algunas historias de Disney, como Pocahontas, y enciclopedias sobre la población indígena.

Tras la quema de los libros, las cenizas fueron usadas como fertilizante para plantar árboles y compensar la controversial iniciativa.

En conversación con National Post, Lyne Cossette, vocera del Consejo Escolar, explicó que el proyecto “Give Back to the Earth” (Devolver a la Tierra) tenía la intención de representar “apertura y reconciliación. Muchos intelectuales y ancianos aborígenes participaron y fueron consultados en varias etapas, desde la conceptualización, la evaluación de los libros y la idea de plantar árboles con las cenizas”.

“Lamentamos sinceramente el impacto negativo de esta iniciativa que pretende ser un gesto de reconciliación”, agregó la vocera.

Por su parte, el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, criticó la iniciativa. “A nivel personal, nunca estaría de acuerdo con una quema de libros. No corresponde a los no indígenas decirle a los indígenas cómo deben sentirse”, indicó.

La quema de libros se realizó a los pocos meses que se descubriera una fosa común con los restos de 215 niños indígenas en una antigua escuela católica que estaba destinada a “integrar” a los pueblos originarios de Canadá. 

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