Existen diferentes teorías de conspiradores, grupos religiosos e incluso ambientalistas que coinciden en que el mundo podría acabarse poco a poco debido a causas naturales, el hombre, inteligencias superiores o fuerza divina. Ante este peligro, algunas personas han intentado prepararse construyendo búnkeres y almacenando comida.

Estas previsoras personas pueden considerarse locas, ya que no ha habido una emergencia que, como tal, requiera de acciones de alta supervivencia o de aislamiento en un búnker (incluyendo la pandemia de coronavirus). Pero eso no quita que ante el posible desastre, las personas se preparen y lleguen a hacerlo, como Bruce Beach, quien prácticamente construyó una ciudad subterránea con camiones escolares.

Bruce tiene 86 años, nació en Winfield, Kansas, y creció en una de las épocas más difíciles para Estados Unidos. El país pasó por la Guerra Fría y luego por la guerra de Vietnam, que dejó un panorama asolado y un constante miedo de represalia contra la nación. Con este miedo, Bruce y su hijos se mudaron a Canadá, donde pensaron que tendrían una vida más tranquila. Pero esto no fue suficiente para él, pues aún piensa que una catástrofe puede ocurrir en cualquier momento.

Por ello durante cinco años acumuló los materiales necesarios para construir un refugio. Inició una peculiar colección de autobuses escolares que comenzó a adquirir desde 1980 con un precio en promedio de 300 dólares por cada uno. Después de 12 años, esta ya se conformaba de 42 autobuses. Los vehículos tenían una característica particular: estaban hechos de acero reforzado, es decir, podían soportar una explosión. 

Comenzó a unirlos en forma de una caja grande y excavó un agujero de cuatro metros de profundidad, donde guardaría sus cubos metálicos. Pronto toda su colección se vio enterrada y con un metro de cemento encima de esta. El plan de Bruce era construir un complejo aislado del mundo exterior. Hizo un laberinto que puede servir como refugio subterráneo y, con más de tres mil metros cuadrados, se convirtió en uno de los mayores complejos subterráneos del continente. Lo llamó Arca Dos.

Pero sabía que mantenerlo sería una tarea difícil, por lo que consiguió a un buen ingeniero que garantizara la seguridad del lugar. Esa persona no pudo ser más indicada que el mismo profesional que supervisó la construcción del metro de Toronto. Esta relación garantizó la seguridad estructural de la edificación. Además de ese método de protección, ideó todo un sistema de sanitización, pues considera importante que no haya un riesgo sanitario ni de contagio de ninguna enfermedad.

La coraza metálica está diseñada con tuberías y drenaje óptimo, un sistema de suministro de agua, así como dormitorios, salas comunes e incluso espacios para la recreación infantil y una cárcel. Bruce considera que uno de los factores fundamentales para la supervivencia es la disciplina. Por ello una de las reglas en el Arca Dos es que los hombres y las mujeres durmieran por separado para masificar la eficacia del espacio, además de seguir todos los protocolos.

Este espacio considerado únicamente como un refugio temporal con suministros por tres semanas para 500 personas está equipado con un sillón de dentista y una morgue. Pero las inclemencias naturales le han afectado, pues pasó por incendios, inundaciones y el ataque a las reservas por parte de las ratas.

Después de 40 años de estar invirtiendo tiempo y dinero en este proyecto, las autoridades se enteraron del Arca Dos e intentaron suspender la obra. El gobierno invirtió más de 250 mil dólares para acabar con el refugio, pero después de 30 sesiones en tribunales, Bruce y sus objetivos siguen intactos. Además, los bomberos intentaron cerrarlo tres veces, pero este proyecto continúa avanzando.

Bruce pertenece a un grupo de nicho conocido como preppers, quienes creen que el apocalipsis es inminente y se preparan para ello. Pero, a diferencia de la mayoría que solo ve por su supervivencia personal, Bruce lleva su proyecto a lo comunitario. Aunque no ha habido una verdadera destrucción apocalíptica, el arca deja un testimonio de esperanza para el futuro y la supervivencia en comunidad.

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